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Octubre 31, 2007

Lloro por vos, Argentina.

Archivado en: Argentina, Kirchner, Usted los vota ellos se eternizan — voxpopulietvoxdei @ 11:33 pm

 

Lloro por vos, Argentina.

Argentina es un país inmenso, con un enorme potencial de variedad de climas y lleno de tierras fértiles, con pocos habitantes y todos lo encantos que Dios le dio. Sin embargo, yo lloro por vos.

Nací en un hogar de clase media. Mi padre trabajó con decencia toda su vida. Mi madre fue ama de casa. Yo, pude estudiar toda mi carrera en escuelas y universidades del Estado. Eran las mejores, por entonces, quienes iban a las escuelas privadas eran visto con cierta onda de “ahí no se aprende bien”. Pude trabajar ni bien me lo propuse. Cambiar de trabajo era una posibilidad cierta porque trabajo había y mucho. El policía era amigo de la gente del barrio. Había respeto por los mayores. En las plazas se podía jugar sin preocupación. Las calles estaban llenas de gente hasta altas horas de la noche. Nadie pensaba por ahí mejor no ir.

Con Perón en el gobierno, me contaron, se tenía el miedo que se le tiene a un dictador, porque con él no se podía pensar distinto. Mi padre nunca fue peronista. El debía cuidarse. No podía expresar libremente sus pensamientos porque en el barrio siempre había un soplón. La Iglesia se oponía a Perón y este combatía a la Iglesia.

La perpetuidad de Perón en el poder era la debilidad del líder del peronismo que sus discípulos pretenden copiar. Los pobres existían pero eran llamados “los cabecitas negras”, los traídos por Perón del campo a la ciudad. Estos fueron a los que Perón manejaba para ser reelegido distribuyendo feriados (”Mañana es San Perón”) y, pan dulce y sidra. El dinero que recibió Perón de los conservadores al llegar al poder también lo dilapidó en clientelismo y corrupción.

Luego, vinieron otros gobiernos, donde se mezclaron militares y cortos períodos de democracias muy débiles. Dos presidentes se distinguieron del resto, Frondizi e Illia.

La piolada argentina siempre existió pero la corrupción no estaba extendida a todos los niveles. Ahora, estamos “condenados al éxito” en las posiciones más detestables de los países más corruptos de la tierra.

Argentina siempre convivió con barquinazos económicos. La democracia extensa llegó de la mano de Alfonsín para quedarse. El juicio a los militares fue una proeza de la justicia argentina. El revanchismo había quedado dormido.

La década del ‘90 sirvió para muchas cosas buenas y malas. Ahora son todas malas. El final era seguro. Un dólar no podía ser igual a un peso. Todo lo artificial se cae. Luego la hecatombe. Un golpe institucional hecho contra un presidente débil, De la Rúa, dado por políticos empujados por empresarios muy poderosos, incluidos medios de comunicación, que querían la devaluación por que estaban quebrados.

El pueblo siempre paga los costos de las devaluaciones y de la corrupción. La distribución de la riqueza a pesar de todo hasta ese momento era digna. Hoy, es una atrocidad la desigualdad.

Después de lo ocurrido con Duhalde, el títere devaluador, de tantos empresarios, se empobrecieron los argentinos a niveles nunca vistos. De la manga Duhalde elige a su sucesor, un ignoto gobernador de un feudo del Sur, que puso todo su esfuerzo para perpetuarse en el poder de esa provincia y nunca había sentido que la Argentina le iba a dar la posibilidad de ser presidente. Este llegó con los ojos puestos en los años 70, cuando, justamente, los argentinos no podíamos estar más divididos. Los vientos de la economía mundial le permitieron a su ministro de Economía salir de la crisis y el presidente celoso de ello echó a su único ministro con cabeza. Los otros obsecuentes,

con actitudes abominables y sospechados de corrupción permanecen a su lado.

La Argentina recobró con Kirchner el sentido del miedo. Está prohibido hablar porque hay temor a ser reprendido de distintas formas. Si te tirás contra el gobierno no recibís publicidad pública ni privada, porque los privados son o pueden ser perseguidos por el gobierno. La corrupción está enquistada como cáncer que se ramifica en todo el cuerpo social. La impunidad también. El país pasó a ser unitario. Lo federal quedó atrás; los gobernadores son empleados del Poder Ejecutivo.

El parlamento duerme una siesta eterna porque todos los poderes están concentrados en el Ejecutivo. La justicia está sometida al poder central.

La falta de educación y el hambre asolan a una gran mayoría de la población. Nunca estos saldrán de esa situación porque son necesarios – como los cabecitas negras- para que los gobernantes puedan perpetuarse en el poder. Los medios de comunicación escriben lo que el gobierno quiere, la mayoría están haciendo mucho dinero e incrementando su patrimonio como nunca antes. El gobierno miente permanentemente. El clientelismo se extendió a jubilados y a otros. Todo sea para ganar elecciones.

Todo parece funcionar a pedido de un gobierno sin gestión pero el panorama a futuro cercano se empieza a complicar porque el gasto estructural aumentó, el superávit comercial y fiscal ya no es el mismo. Las necesidades de financiación son cada vez mayores. La gente, como a lo largo de toda la historia argentina, se vuelve a refugiar en el dólar.Inversiones no hay. La inflación se dibuja. La pobreza también. El fraude en las elecciones está presente, como una mentira más. La Iglesia no comparte las formas ni el fondo pero el gobierno margina a la Iglesia. Dentro de escasos meses habrá que sacar a relucir todo lo que el esposo de la esposa, ahora presidenta, guardó bajo la alfombra y, se vendrá la noche de los aumentos. Se disparará la inflación.

El mundo no nos mira salvo, como bichos raros. No para invertir. Los argentinos que ganan dinero y, mucho, son pocos pero no reinvierten en el país porque aunque lo disimulen nadie confía en el gobierno.

La gente votó y votó al presidente vestido de mujer. Él gobernará desde las sombras y ella desde la luz. Los tiempos que se avecinan no son los mismos que cuando Néstor asumió. Hemos salido de terapia intensiva y los requerimientos de la gente serán salir de la intermedia. La gente votó con el bolsillo. Los que no los votaron superan a los que los votaron pero, estos están muy fragmentados, no tienen el uso de la billetera que une voluntades indecentes.

Los chicos van a la escuela pública pero ahora se mira mejor a los que los que concurren a la privada. Trabajo para los jóvenes no hay, tampoco para los mayores de 30 años.

Nadie sabe qué va hacer la ciudadana que nos va a gobernar, a partir del 10 de diciembre, pero ganó. Los argentinos han cumplido con su deber, el deber de votar con el bolsillo.

La dignidad es una cosa que no se cotiza en bolsa. Por lo tanto, no tiene valor alguno. Pero eso sí nos hemos convertido en los campeones de los derechos humanos de los muertos pero, de un solo lado.

Los más chicos y los no tan chicos se matan a diario con la droga. La impunidad manda. El futuro es cruzar el Riachuelo a nado. No sabemos ni dónde queda la otra orilla y si lograremos sobrevivir al esfuerzo. No importa…ya Cristina es presidenta electa.

Disculpame Argentina, yo, yo lloro por vos.

Gentileza de Síntesis Informativa Diario Digital.

Octubre 2007.

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